Ikram Maymouni: El poder ancestral del nudo

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Ikram Maymouni: The Ancestral Power of the Knot

La artista textil Ikram Maymouni nos abre las puertas a su universo creativo con su proyecto “Ahba Studio”, donde el nudo deja de ser un gesto cotidiano para convertirse en un acto casi ritual. Desde sus primeras pulseras de infancia hasta instalaciones de carácter espacial y orgánico, su trabajo explora la repetición, la paciencia y la memoria contenida en las fibras naturales. A través del diálogo entre lo flexible y lo estructural —a veces en colaboración con su pareja, Mike— sus piezas expanden el gesto íntimo del hilo hacia una dimensión arquitectónica. Una conversación sobre materia, tiempo y presencia, y sobre la afinidad natural entre su práctica artística y el espíritu auténtico y fresco de Romualda.

 

 

 

 

 

¿Cómo comenzaste en el mundo del macramé y el trabajo con hilos? ¿Recuerdas qué te llevó a crear tu primera pieza?

 

Aprendí los nudos básicos haciendo las típicas pulseritas que hacíamos muchas de pequeñas. Me encantaba ir al quiosco a comprar esas cuerdas un poco plasticosas, de colores muy vivos, y inventar nuevas combinaciones. Era algo muy intuitivo, muy libre. No lo pensaba como algo artístico, simplemente me gustaba crear con las manos.

 

Bastantes años después, las cuerdas volvieron a mi mente de forma inesperada. Quise regalarle algo especial a un conocido que acababa de mudarse, algo hecho por mí. Y sin pensarlo demasiado, recordé aquellos nudos. Esa fue la primera vez que no trabajé en formato pulsera, sino en una pieza más grande: hice un tapiz con un palo y cuerda de cáñamo para que pudiera colgarlo en su casa. A partir de ahí, y poco a poco, empezaron a surgir más tapices, y después los típicos maceteros colgantes.

 

 

 

 

¿De dónde nace tu interés por este tipo de arte textil y las instalaciones con hilos? ¿Qué te atrae de trabajar con este material?

 

Mi interés nace del gesto del nudo en sí. Me fascina pensar que es uno de los gestos más antiguos que existen y que ha atravesado culturas, épocas y contextos sin desaparecer nunca. El nudo está presente en lo más simple y cotidiano: cuando te trenzas el pelo, cuando te atas los cordones, cuando anudas una cinta en la muñeca o cierras una bolsa. Es un gesto pequeño, pero cargado de intención.

 

 

 

 

 

Cada vuelta de hilo, cada nudo, lo siento casi como una oración. Como un pequeño decreto que se sella en el tiempo. Hay algo muy poderoso en esa acción repetitiva y consciente. Me interesa esa dimensión casi ritual del hacer: el ritmo, la repetición, la paciencia. La magia que aparece cuando algo se construye lentamente con las manos. Siento que el nudo siempre estuvo ahí, acompañándonos, incluso antes de que lo llamáramos arte. Y trabajar desde ese gesto es, de alguna forma, reconectar con una sabiduría ancestral que sigue viva en lo cotidiano.

 

En cuanto al material, está profundamente ligado a esa idea. Trabajo principalmente con fibras naturales como el cáñamo, el lino o el algodón porque siento que pertenecen a ese mismo mundo antiguo que el nudo. Como si siempre hubieran ido de la mano. Son materiales honestos, con memoria, que envejecen y respiran. Me interesa esa coherencia entre gesto y materia: un proceso ancestral sostenido por materiales que también lo son. Para mí, no es solo una técnica. Es una forma de honrar algo que existe desde siempre.

 

 

 

 

Muchas de tus piezas tienen un carácter muy espacial y orgánico. ¿Qué buscas transmitir o explorar a través de ellas?

 

Si el nudo es el gesto íntimo, siento que la pieza final es su expansión en el espacio. Me interesa explorar cómo algo que nace de un movimiento pequeño y repetitivo puede transformarse en una presencia casi arquitectónica. No busco imponer una forma rígida. Hay tensión, hay estructura, pero también hay fluidez.

 

Me interesa que las piezas tengan algo casi corporal, como si fueran organismos que crecen, se expanden o se sostienen por sí mismos. Quiero generar una sensación: de tiempo acumulado, de paciencia, de densidad. Que quien se acerque pueda percibir el peso de cada repetición, pero también la suavidad del material.

 

Al final, lo que empezó siendo un gesto ancestral termina convirtiéndose en volumen, en espacio habitado. Y ahí es donde realmente me interesa trabajar.

 

 

 

 

 

 

 En algunos proyectos trabajas junto a tu pareja, Mike.

¿Cómo es crear en conjunto y cómo se complementan en los procesos creativos?

 

Crear junto a Mike es muy natural porque venimos de lugares distintos pero muy complementarios.

Yo trabajo desde el gesto, la repetición, la textura y lo orgánico. Él viene del mundo de la carpintería fina y la ebanistería, donde la precisión, la estructura y el equilibrio son fundamentales.

Esa diferencia es lo que hace interesante el diálogo. Muchas veces yo pienso desde la materia blanda, desde cómo el hilo cae, se tensa o se expande. Él, en cambio, piensa en cómo se sostiene, cómo se ancla, cómo se integra en el espacio de forma sólida y coherente.

 

Cuando trabajamos juntos, la pieza deja de ser solo textil y empieza a tener una dimensión más arquitectónica. Hay una conversación constante entre lo flexible y lo estructural, entre lo orgánico y lo geométrico. Y en ese punto intermedio es donde aparecen los proyectos más interesantes.

Yo aporto la intuición y el ritmo manual; él aporta la estructura y la ingeniería silenciosa que permite que la pieza exista en el espacio con estabilidad y presencia. Lo siento como sumar miradas :)

 

 

 

 

¿Podrías contarnos un poco más sobre esos procesos compartidos? ¿Cómo nace una idea cuando trabajan juntos y cómo evoluciona hasta convertirse en una pieza final?

 

Normalmente la idea nace de una conversación muy abierta. A veces parte de un espacio concreto, otras de la necesidad de llevar el hilo a un lugar menos evidente, donde no solo se observe, sino que también sostenga y dialogue con el cuerpo (de eso se encarga Mike). Yo suelo empezar haciendo muestras pequeñas para entender cómo se comporta el material: cómo cae, cómo genera volumen, pero también cómo responde a la tensión y al

peso. Me interesa explorar hasta dónde puede llegar el hilo cuando se trabaja desde la densidad y la estructura.

 

 

 

  

A partir de ahí, Mike entra en el proceso pensando en proporciones, estabilidad y equilibrio. Empieza a diseñar la base que acompañará esa parte más orgánica, para que la pieza no solo sea visualmente ligera, sino también firme y funcional. Es un proceso de prueba y ajuste constante: tensar más, reforzar, simplificar, volver a empezar si es necesario. La pieza evoluciona mientras la estamos haciendo. Y el objetivo final es encontrar ese punto en el que lo flexible y lo estructural dejan de sentirse como dos partes separadas y se convierten en un solo cuerpo, con presencia real en el espacio.

 

 

 

 

Para esta colaboración has elegido algunas piezas de Romualda. ¿Por qué esas piezas en particular?

 

Me parecen piezas alegres, con carácter, pero al mismo tiempo muy fáciles de integrar en mi día a día. No son algo que me pongo solo para una ocasión concreta, sino que forman parte de mi rutina, de mi forma de moverme y de trabajar. Me gusta que tengan personalidad sin ser rígidas. Que aporten color y energía sin imponerse.

 

 

 

 

 

¿Qué es lo que más te gusta de la marca Romualda y qué conexión encuentras con

tu trabajo artístico?

 

Siento que Romualda combina personalidad, frescura y autenticidad. Cada pieza tiene algo único, un detalle que la hace especial, pero al mismo tiempo es honesta y cercana. Cada pieza tiene presencia y fuerza de manera muy sutil. Así la percibo yo.

 

 

 

 

Esa misma idea la encuentro en mi trabajo: busco que cada pieza tenga presencia y fuerza, pero que también funcione en el espacio, que se sienta viva y que dialogue con quien la experimenta. Me gusta ver cómo el cuidado en el detalle y la intención detrás de cada creación, tanto en Romualda como en mi trabajo, logra un equilibrio entre lo pensado y lo natural.

 

 

 

 

Mirando hacia adelante, ¿en qué proyectos estás trabajando ahora o qué te

gustaría explorar próximamente?

 

Actualmente tengo una exposición abierta hasta el 19 de marzo en Passeig Sant Joan 30, llamada Sílaba Muda. Además, estoy trabajando en algunos encargos y desarrollando obra propia. En el último tiempo he tenido más de una instalación, y me está encantando descubrir todas las posibilidades que los hilos ofrecen. La idea ahora es lanzarme a experimentar con materiales nuevos y explorar formatos distintos, para seguir ampliando la forma en que mi trabajo puede habitar el espacio.